Los trastornos disociativos

Se trata de la desconexión o falta de conexión entre elementos que están generalmente asociados entre sí. En las personas, la desconexión se produce entre diferentes funciones de la personalidad o de la mente, ya sean de conciencia, memoria, de identidad o percepción, que normalmente están integradas y funcionan todas en cooperación.

“Sin ser consciente de ello, me esforzaba por mantener separados mis dos mundos. Sin saber jamás por qué, me aseguraba siempre que podía de que no hubiera el menor contacto dentro de la compartimentación que yo misma había creado entre la niña de día y la niña de noche” -Marilyn Van Derbur (2004)

Hay cinco formas en las que la disociación de procesos psicológicos modifica el modo en que una persona experimenta su vida: despersonalización, desrealización, amnesia, confusión de la identidad y alteración de la identidad. La fuerte presencia de alguno de estos cinco rasgos sugiere la existencia de un trastorno disociativo.

Los trastornos disociativos son un grupo de síntomas psicológicos caracterizados por perturbaciones en algunos aspectos de la conciencia, identidad, memoria, conducta motora. Estos problemas incluyen la amnesia disociativa, la fuga disociativa, el trastorno de identidad disociativo y un conjunto de situaciones de definición más difusa que los psiquiatras denominan trastorno disociativo sin otros datos específicos.

Se considera que la disociación, además de estar presente en un grupo específico de trastornos (los disociativos y otros relacionados con trauma), puede acompañar a muchos de los problemas psicológicos.

La persona que se encuentra disociada sufre algunos de estos síntomas:

  • La persona funciona con el piloto automático, se siente como un robot.
  • Se queda adormecido durante el día y se siente desorientado.
  • Tiene experiencias de desrealización: la gente o el mundo no parecen reales, lugares familiares parecen extraños, no se reconoce en el espejo, el mundo parece un sueño, a través de un velo, como si uno realmente no existiera.
  • Se puede sentir como que está mirando las cosas desde fuera de su cuerpo.
  • La persona está ausente, como si fuera un observador de la situación, en lugar de un participante. Tiene fantasías y sueña en exceso.
  • Lentitud para responder a los otros.
  • La persona se vuelve insensible a a las emociones o está especialmente desconectada (“embotamiento afectivo”).
  • Las cosas parece que pasen a cámara lenta o avancen muy rápido.
  • Hay una falta de conexión con el entorno, se pierde la pista de lo que está pasando, se despista con mucha facilidad. Tiene lapsus de memoria, se distrae fácilmente y es descuidado.
  • La persona mueve los ojos con ansiedad, de un lado a otro, parpadea rápidamente, tiene la mirada lejana o aturdida.
  • El cuerpo puede estar rígido, con una expresión estática.
  • La persona se siente dividida, como si fuera dos personas, una antes y otra después del trauma.
  • Su estado de atención se nubla, hay sensaciones confusas, no puede tener una idea clara de sus pensamientos, ya que la mente se queda en blanco.
  • La persona puede tener comportamientos extraños, inexplicables, que le cuesta entender a él mismo, ya que interiormente se siente dividido.

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