A partir del momento en el que el óvulo es fecundado por un espermatozoide, comienzan a producirse en el cuerpo de la mujer, una serie de cambios físicos y psíquicos importantes destinados a adaptarse a la nueva situación, y que continuarán durante los nueve meses siguientes. Por lo que el embarazo no es una enfermedad y no hay que tratarla como tal, es un estado fisiológico y normal en el cual el cuerpo tiene que adaptarse a los diferentes cambios que sufrirá por la gestación.

Durante el primer mes de embarazo la mujer se podrá sentir cansada, encontrará una tirantez en el pecho, tendrá un aumento de la secreción vaginal,mayor sensibilidad olfativa, una especie de sabor metálico en la boca, coger «manía» a determinados alimentos; incluso habrá mujeres que tengan un gran apetito y otras que no puedan probar bocado por lo que pueden llegar a perder peso, estas sensaciones irán remitiendo según vaya adaptándose el cuerpo a los cambios de la gestación.

En el segundo mes el pecho ha aumentado un poco su tamaño y pueden molestar un poco. Es probable que aparezcan nauseas, las conocidas como «nauseas matutinas», aunque se pueden dar a cualquier hora del día, por lo general disminuyen en el segundo trimestre. También pueden ocurrir mareos debido al crecimiento de más vasos sanguíneos; aumenta la producción de saliva y la necesidad de orinar.

Durante el tercer mes el abdomen comienza a abultarse ligeramente. Aumentará más el pecho, por lo que habrá que empezar a mirar cambio de armario, tanto de talla de lencería como de ropa cómoda y suelta, para que no nos apriete y dificulte la circulación. Disminuye la sensación de náuseas y empieza a normalizarse el apetito. Debido a los cambios hormonales se pueden inflamar las encías y llegar incluso a sangrar.

Al final de este trimestre los órganos vitales del bebé ya se habrán formado.

Llegado al cuarto mes se observará una incipiente tripa que aún no es molesta, la cintura habrá desaparecido y las caderas se habrán redondeado. El estado anímico será más vitalista. Se podrá ver un cambio en el color y el tamaño de los pezones, siendo estos más oscuros y grandes. Podemos encontrar los primeros síntomas de estreñimiento debido a la presión que empieza a ejercer el útero sobre el estómago.

En el quinto mes comienzan las primeras «pataditas del bebé», aproximadamente en la semana 20. La tripa continúa creciendo y se observa una mayor retención de líquidos en las piernas, apareciendo incluso en los brazos. La respiración se hace más profunda y el ritmo cardiaco se acelera, lo que puede dar aumentos repentinos de temperatura con exceso de sudación. Se nota incluso un aumento de vello.

Es en el sexto mes cuando el útero sigue creciendo y se extiende por encima del ombligo, el cual puede llegar a salir hacia afuera, por lo que la mamá ya no puede disimular la tripa; el crecimiento hará que se desplacen los intestinos y presione ligeramente el hígado y el diafragma, dando en ocasiones sensación de ahogo; la vejiga también estará más oprimida por lo que volverá a aumentar las ganas de orinar. La piel se estira y pueden aparecer picores, conviene aplicar aceites naturales para hidratar la piel y prevenir las posibles estrías. El bebé se moverá y cambiará de posición continuamente y se notarán sus movimientos. En cuanto a los senos estarán más sensibles debido a la producción de prolactina, hormona que los prepara para la lactancia y estimula la producción de leche materna.

Llegamos al último trimestre de gestación y hay que empezar a preparar las cosas del bebé antes de que llegue.

En el Séptimo mes la barriga se hace más prominente y comienzan a darse las molestias en la espalda debido a la corrección postural que está sufriendo por el sobrepeso que supone el bebé y que tiene que soportar la mamá. La mamá se puede sentir más cansada, ya que aumentan los latidos del corazón para bombear sangre a la placenta. Es cuando suelen aparecer los miedos, los cambios de humor y la ansiedad.

El octavo mes es seguramente el más incómodo, el bebé ya se ha colocado con la cabeza hacia abajo, aproximadamente en la semana 36 y ya tiene menos espacio para moverse, por lo que la mamá se sentirá más cansada y torpe, en el momento de la colocación la mamá puede notar alguna contracción aislada incluso un dolor difuso en la parte baja del abdomen. Se hace más acusada la acidez debido a las hormonas y a la creciente presión que ejerce el útero, continuarán los dolores de espalda, los calambres en las piernas, el estreñimiento, que junto con la presión que ejerce el bebé pueden ocasionar hemorroides.

Entramos en la recta final del embarazo con el noveno mes y el día del parto parece que no llega nunca. La tripa baja y disminuye la tensión sobre el tórax y el estómago, aunque aumenta la presión sobre la vejiga, por lo que aumentarán todavía más las ganas de orinar. Si es el primer bebé, su cabeza desciende y se encaja en la pelvis preparándose para el parto; si no es primeriza el descenso se puede llegar a dar al inicio de las contracciones.

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